Aquella noche
Aquella noche fulgurante, de luces brillantes Bahía oculta en la noche, sombra de carabela Aquella noche de desvelos y de anhelos Como pájaros enmohecidos por el va y ven de las olas Aquella noche de marchas eternas bajando montañas, subiendo escaleras Aquella noche de pies descalzos y cansados En una ciudad agitada, solloza, cautiva Aquella noche de mascaras sombrias Sobre la arena, arrullo del mar. Aquella noche que abandone mi alma Para entregarla a las sombras De vino tinto, amaderado, amargo sombrío A lo lejos sonidos de vacios, de muerte Aquella noche suave piel tormenta eterna dejarme sin alma, sin paz Déjame que me consuma la tierra y que en la mañana siguiente no me respire el deseo de tu cuerpo Que me arrulle mejor tu sonrisa que pueda sentir el viento suave y mi cuerpo húmedo por el rocío mañanero.