El último verano
Encadenados a nuestros cuerpos
como un nudo en la garganta, juntos y vivos...
Nos descarriamos en la noche, y vivimos la alborada
en medio de canciones bastardas.
Dormimos en las mañanas, salimos en las noches.
y de repente, nos alejamos, chocamos como estrellas
vislumbrando rayos incandescentes, nuestros cuerpos.
ya no habrá sol, ya no habrá luna.
ya no habrá tiniebla, ya no habrá ocaso.
mientras la pluma se impregna de tinta, apaga la vela con un soplo,
con poco aliento recordó, que alguna vez amó.
ya no hay verano, la soledad le hace el amor a su sombra, y caminó cabizbajo
en medio de la multitud.
sus ojos ya no brillan, y su cara ve el paso de los años...
será cruel el señor con sus hijos, cuando ellos no le rezan.
es por eso que la alabanza subirá como el aroma de un exquisito incienso
pide por su amor.
Uno, dos, tres golpes, corre por su bastón y abre la puerta, la encuentra, la abraza
le pide una y otra vez que vivan de nuevo ese verano...pero ésta vez será para toda la eternidad.
Abandonó su cuerpo, se siente libre de nuevo, y fue así como amó la libertad...
ya están juntos de nuevo, y escriben una nueva página en su diario de amor.
Imágenes y Textos: Felipe Gutièrrez Silva.
2015.
Derechos Reservados.
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