Fué tan sólo un día caluroso de verano, aunque la tempestad estaba anunciada
y a lo lejos se escuchaban las palabras de aquel sabio sentado sobre las ruinas del castillete
Su lamento llegaba hacia el borde de la bahía, junto con el lloro de su gaita apaciguaba los mares,
los vientos y la marea querían sacar su canoa de la boquilla, pero la tambora sonaba tan fuerte,
que el vuelo recalcitrante de su sonido era como el de una tormenta sobre la bahía.
El agua corría por su cuerpo, Inundaba su mente de pensamientos de juventud, de esos que tácitamente se recuerdan al pasar los años, el murmullar de los grillos sobre su casa solitaria eran como el látigo para sus oídos y en sus sueños gritaba de dolor, llamaba a Matilde, Su diosa coronada, su cuerpo era mas blanco que el marfil, cubierto con una fina capa de concha nácar, sus caderas como la guitarrita de su compadre Elías Caicedo, y que se perdió en pelea de gallos ... - Que su cabello huele a playa, que su cien siempre está recubierta de arena pura, entrelazada con su cabello tan negro como el carbón del cerrejón, que poco a poco se tiñe de rubio de tanto sol - ...
sólo pide que vuelva
Matilde!! quiero que vuelvas a mi!
llora desconsolado sobre el camellón...
y se ve ese barco partir, repleto de cosas que no valen ni un centavo.
El sólo sigue soñandola...
esperándola con los brazos abiertos.
reescribiendo sus historias por las paredes blancas solitarias
con aroma a cal , con sabor amargo como de olvido.
¡tengo los pies descalzos Mujer! asesina, como pudiste abandonarme, como pudiste entregarte al paso del tiempo, a las 12 de la media noche que marcaba la torre del reloj...si querías que te abandonara mi cuerpo solamente se alejaría, y aunque mi mente solo te olvida, duré siete años construyendo esta barca que lleva tú nombre Matilde, una parte más de mi corazón roto perdido en alta mar, que ni la mejor época de subienda podría llenarme de felicidad.
apaga la vela, prende la llama de mi alma, abandonando la carrera, sólo me queda de recuerdo
una noche y una madrugada
Unos tragos amargos le esperaban entre el frío de la locura, es así como cristóbal, perdió su canto y su cordura.
Cristobal. Contador de cuentos. Bocachica
Fotografía y Textos: Felipe Gutiérrez Silva. 2019. Derechos Reservados.

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