Las hormigas.
Comienza el día y están como locas de atar.
Constantemente se mueven de aquí para allá,
Sin pensar que un eterno Dios las observa.
Eterno para ellas, momentáneo para él
Cuando se cruzan sus miradas.
En otra dimensión, en otro universo
Unas que se creen más grandiosas, aunque torpes
Arrebatan la comida que abandonan los transeúntes.
Donde estarán esos gigantes.
No reconocen el color pero si la forma, el contorno
Es un cálido sabor de la figura.
Flores y agua, aromas y muerte.
Se conectan entre ellas, se susurran en sus caminos, como murmullos que jamás se escucharian en el espacio, donde solo rugen los planetas en la inmensidad del cosmos.
Si estuvieran tramando algo, no lo sabríamos, no lo contarian.
Quizás están afilando sus tenazas para cortar otra hoja marchita.
Tienen la consciencia de lo que no se ve, y nunca les pesa.
Ciegas deambulantes almas perdidas.
Miles y millones como granos de arena,
Al menos comprenden que la soledad no es un problema.
Si fuera una hormiga más te lo diría.
Si fuera ese gigante que quiere arrebatarte tu sustento
Lo sabrías.
No podré mentirle a mi alma que ese hormiguero no es más si no movimiento.
No podré mentirle a mi carne, que las hormigas debajo de la tierra la esperan.
Me ahogaria en esa gota de rocío, si estuviera eternamente perdido.
Pero las otras hormigas han decidido trazarme otro camino.
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